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Val Kilmer pierde la batalla contra el cáncer




Val Kilmer, el actor que dejó una marca imborrable en Hollywood con su versatilidad y carisma, falleció tras años de lucha contra las secuelas del cáncer de garganta. Su trayectoria, llena de éxitos y desafíos, estuvo marcada por papeles icónicos que lo convirtieron en una leyenda del cine. Desde su inolvidable interpretación de Iceman en *Top Gun* hasta su magistral personificación de Jim Morrison en *The Doors*, Kilmer supo transformarse en cada personaje que encarnó. Su vida, al igual que su carrera, estuvo llena de giros inesperados, retos personales y una inquebrantable capacidad de reinvención.

Nació el 31 de diciembre de 1959 en Los Ángeles, en una familia de clase media. Desde pequeño entendió que la vida no siempre es justa: sus padres se divorciaron cuando él tenía nueve años, lo que marcó profundamente su relación con su padre, con quien fue a vivir junto a sus hermanos. “Era un niño tranquilo, más observador que extrovertido, pero las cosas con mi padre nunca fueron fáciles”, recordó en una ocasión.

El arte fue su refugio y, a los 16 años, se convirtió en el estudiante más joven aceptado en la prestigiosa escuela Juilliard de Nueva York. Pero antes de dar ese gran paso, sufrió una tragedia que lo dejó marcado: su hermano menor, Wesley, falleció en un accidente. Apasionado del cine, Wesley soñaba con convertirse en un director de renombre. “Era un artista increíble, siempre encontraba la forma de sorprenderme”, dijo Kilmer sobre él. Su muerte lo sumió en un estado de desconexión emocional que le costó superar.

La experiencia en Juilliard no fue sencilla. Kilmer no se adaptaba a la rigidez de la academia y sentía que las normas limitaban su creatividad. Sin embargo, encontró su camino en el teatro, donde su talento empezó a llamar la atención. Coescribió su propia obra, *Cómo empezó todo*, y ese proyecto le abrió las puertas de Broadway con *Slab Boys*, aunque tuvo que compartir escenario con jóvenes talentos como Kevin Bacon y Sean Penn.

Poco después, Hollywood lo descubrió. Su primer éxito llegó con *Top Secret!* (1984), una comedia que mostró su talento para la comedia y la música. Pero el papel que lo convirtió en estrella fue Iceman en *Top Gun* (1986). A pesar del éxito, Kilmer sentía que su apariencia lo encasillaba. “Me gusta ser actor de reparto, pero tengo cara de protagonista”, decía con ironía.

Ese reconocimiento lo llevó a interpretar a Jim Morrison en *The Doors* (1991), donde sorprendió al cantar con su propia voz. Su compromiso con el personaje fue tan intenso que incluso los miembros de la banda dijeron que apenas distinguían entre su voz y la del verdadero Morrison. Pero esa entrega total al arte también comenzó a labrarle una reputación complicada. Algunos colegas lo describían como difícil y, en una audición para la película, la actriz Caitlin O’Heaney lo acusó de agresión. Aunque Kilmer negó las acusaciones, terminó llegando a un acuerdo legal.

En los años 90, Kilmer protagonizó películas icónicas como *Tombstone* (1993) y *Fuego contra fuego* (1995). Su carrera iba en ascenso cuando recibió la oportunidad de ser Batman en *Batman Eternamente* (1995), sustituyendo a Michael Keaton. Aunque la película fue un éxito comercial, el rodaje estuvo lleno de tensiones. El director Joel Schumacher lo describió como “infantil y complicado”. Kilmer empezó a ganar fama de actor conflictivo, imponiendo exigencias inusuales en los sets.

Durante el rodaje de *La isla del doctor Moreau* (1996), el director John Frankenheimer llegó a decir: “Nunca escalaré el Everest, y nunca volveré a trabajar con Val Kilmer”. Con el tiempo, el actor reconoció que su perfeccionismo lo hacía difícil de tratar. En su documental *Val* (2021), confesó: “Quería que cada proyecto fuera lo mejor posible, pero a veces eso se malinterpretaba”.

La batalla contra el cáncer y la pérdida de su voz

En 2014, su vida dio un giro drástico cuando comenzó a experimentar problemas para tragar y a escupir sangre. Tras varios estudios, recibió un diagnóstico demoledor: cáncer de garganta. Fiel a sus creencias en la medicina alternativa, dudó en someterse a tratamientos convencionales. Sin embargo, sus hijos lo convencieron de luchar por su vida.

Kilmer pasó por cirugías, quimioterapia y radiación, lo que le dejó secuelas irreversibles: perdió su característica voz de barítono y tuvo que usar un tubo de traqueostomía. Como si fuera poco, mientras él luchaba contra la enfermedad, su hija Mercedes sufrió un accidente en el que fue atropellada, dejándole una cicatriz permanente.

El actor quiso mantener su enfermedad en secreto, pero en 2016, Michael Douglas, su coprotagonista en *The Ghost and the Darkness*, reveló públicamente que Kilmer tenía cáncer. Aunque el actor lo negó en redes sociales, con el tiempo terminó admitiéndolo. “No quería que me vieran como una víctima”, explicó en una entrevista en 2020.

El regreso con *Top Gun: Maverick*

Cuando se anunció la secuela de Top Gun, muchos pensaron que Kilmer no volvería debido a su estado de salud. Pero Tom Cruise y el director Joseph Kosinski insistieron en incluirlo. En *Top Gun: Maverick* (2022), su personaje también enfrenta problemas de salud, en un reflejo de su vida real. La escena en la que Iceman y Maverick se reencuentran fue uno de los momentos más emotivos de la película.

Para lograr que su personaje hablara, se usó inteligencia artificial que recreó su voz. “Fue un regalo”, dijo Kilmer sobre la experiencia. Su regreso a la pantalla fue un recordatorio de su impacto en el cine y del respeto que se había ganado entre sus colegas, pese a los altibajos de su carrera.

Un legado más allá del cine

Kilmer nunca dejó que la enfermedad lo venciera. Aunque su voz ya no era la misma, encontró nuevas formas de expresarse a través de la pintura y la escritura. En su autobiografía *I’m Your Huckleberry* (2020), reflexionó sobre su vida sin rencores: “La vida me quitó muchas cosas, pero también me enseñó a valorar lo que tengo”.

Más allá de sus logros en la pantalla, su historia es la de un hombre que nunca dejó de reinventarse, incluso en las circunstancias más difíciles. “No quiero que me recuerden solo como un actor. Quiero que me recuerden como alguien que amó profundamente lo que hacía”, dijo en su documental.

Kilmer enfrentó la adversidad con la misma intensidad con la que vivió su carrera. Aunque el destino le impuso pruebas duras, nunca dejó de buscar la verdad en el arte, dejando un legado que trasciende el cine.





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