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La “Casa del Abue”, un modelo que redefinió el servicio social en Puebla

Surgida de la memoria afectiva y convertida en referente nacional de gerontología, la institución recibe diariamente a más de mil adultos mayores con atención médica, talleres productivos y un enfoque integral de dignidad humana.

28 julio, 2026 19:00
Puebla, Pue.- En el corazón de la capital poblana, donde durante décadas resonaron las maquinarias de la antigua fábrica textil San Alfonso, florece hoy un pulso distinto: el repicar de tacones en una clase de danzón, el murmullo entusiasta de un taller de carpintería y las risas de más de un millar de hombres y mujeres que han encontrado en la tercera edad no un ocaso, sino una etapa de vigorosa plenitud.
La Casa del Abue, ubicada en el número 1810 de la Avenida 11 Norte, abrió oficialmente sus puertas el 2 de febrero de 2006. Sin embargo, su origen se gestó tiempo atrás a partir de una doble fuente de inspiración: una raíz profundamente personal y un riguroso análisis de políticas públicas gerontológicas aplicadas en Estados Unidos.

El origen: Memoria, visión e innovación

La historia del centro se remonta a la iniciativa impulsada por Alejandro Armenta durante su gestión como director del Sistema Estatal DIF. Inspirado por el entrañable vínculo con su abuelita Cholita, Armenta concibió la idea de transformar la asistencia social en un modelo multidisciplinario que superara la visión asistencialista tradicional, situando la dignidad, la salud física y el bienestar mental de las personas adultas mayores en el centro de las políticas públicas.

Foto: Alberto Melchor

Ese marco teórico e institucional cristalizó en el acrónimo que define el espíritu del lugar: ABUE, cuyas siglas condensan los cuatro pilares de su misión: Asistencia, Beneficio, Unidad y Esperanza. La propuesta no tardó en captar la atención de especialistas y organismos públicos, obteniendo reconocimientos por innovación en políticas públicas a nivel nacional.

Una panorámica integral de servicios

Lo que distingue a la Casa del Abue de un centro recreativo convencional es su visión holística e integradora. El complejo gerontológico ofrece diariamente bajo un mismo techo:

  • Atención Médica, Psicológica y Jurídica: Orientada a la prevención de la salud física, el acompañamiento emocional y la salvaguarda de los derechos de los adultos mayores.

  • Salud y Rehabilitación Physical: Tratamientos de restauración motriz e integración comunitaria a través de su comedor.

  • Talleres Productivos y Autoempleo: Espacios equipados para el aprendizaje de carpintería, panadería, repostería, cocina y reparación de electrodomésticos.

Foto: Alberto Melchor

Vitalidad en movimiento: Deportes, arte y tecnología

Cada jornada, más de mil adultos mayores acuden a las instalaciones para mantenerse activos. La oferta deportiva y de acondicionamiento físico es diversa: desde disciplinas acuáticas como aquaerobics y natación (en vertientes varonil y femenil), hasta deportes de equipo como básquetbol, cachibol y pelota tarasca. Asimismo, se imparten disciplinas de bienestar como Tai Chi Chuan, Yoga, Pilates, Gimnasia Reductiva, Fortalecimiento Motriz en Silla y terapias complementarias como la Regeneración Celular René Mey y Sukyo Mahikari.

En el ámbito educativo y cultural, la institución promueve la inclusión digital y la expresión artística mediante clases de alfabetización, computación, piano, manejo de teléfonos celulares e inglés, complementadas con talleres de dibujo, pintura en cerámica y vitral, bordado, alta costura, así como agrupaciones de coro, guitarra y grupos de baile (danzón, zumba, danza folklórica y ritmos de antaño).

Foto: Alberto Melchor

El presente y la continuidad del legado

Bajo la presente gestión del Gobierno del Estado de Puebla y el Sistema Estatal DIF, encabezada en el Patronato por Ceci Arellano, la Casa del Abue reafirma su compromiso de continuidad y fortalecimiento.

A dos décadas de su concepción original, la Casa del Abue se consolida como un espacio donde la experiencia acumulada no representa un archivo del pasado, sino el motor de un presente activo, digno e integrador.

Foto: Alberto Melchor

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