Redacción.- Lo que el Gobierno Federal presenta como una herramienta clave para la seguridad nacional, la industria de las telecomunicaciones lo define como un “freno de mano” para la economía digital. La propuesta de reactivar el registro obligatorio de líneas móviles ha levantado una ola de indignación entre los principales operadores del país, quienes exigen a los legisladores que el proyecto sea “enviado a la basura” antes de que provoque daños irreversibles en el sector.
El costo de la vigilancia: ¿Quién paga la cuenta?
El núcleo del conflicto no es solo la privacidad, sino la viabilidad financiera. Según cámaras del sector y representantes de las grandes operadoras, la implementación de un sistema de registro masivo —que incluiría la captura de datos biométricos y la validación de identidades— requeriría una inversión inicial y costos operativos que ascienden a miles de millones de pesos.
“No estamos hablando solo de una base de datos; es una reingeniería logística en cada punto de venta del país”, señaló un portavoz de la industria. “Obligar a una tienda comunitaria en la sierra a validar datos biométricos para vender un chip de 50 pesos es, sencillamente, condenar la conectividad de los más pobres”.
Los tres frentes de la resistencia
La industria ha fundamentado su rechazo en tres ejes críticos que prometen llevar la disputa hasta los tribunales:
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Costos Operativos Insostenibles: Los operadores argumentan que el mantenimiento de estos registros mermará su capacidad de inversión en infraestructura 5G, retrasando el despliegue tecnológico de México frente a sus socios comerciales.
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Riesgo de Ciberseguridad: Centralizar los datos de más de 120 millones de usuarios crea un “botín” irresistible para los hackers. La industria recuerda los fracasos de registros previos (como el Renaut en 2009), cuya base de datos terminó a la venta en el mercado negro.
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Exclusión Digital: Se estima que el registro obligatorio podría dejar fuera del servicio a millones de usuarios que no cuentan con identificaciones oficiales actualizadas o que habitan en zonas rurales sin acceso a centros de validación.
El argumento oficial frente a la realidad del mercado
Mientras el Ejecutivo insiste en que el registro es vital para combatir la extorsión y el secuestro, las empresas de telefonía sostienen que los criminales suelen utilizar líneas obtenidas ilegalmente o del extranjero, por lo que la medida solo afectaría a los usuarios que cumplen con la ley.
Especialistas del sector advierten que, de aprobarse en sus términos actuales, el costo del servicio móvil podría incrementar para el consumidor final, ya que las empresas buscarán trasladar el gasto administrativo a las tarifas mensuales.
¿Hacia un nuevo amparo masivo?
El ambiente actual evoca la batalla legal de 2021 contra el Padrón Nacional de Usuarios de Telefonía Móvil (PANAUT), el cual fue declarado inconstitucional por la Suprema Corte. La industria ha sido clara: si el Congreso no escucha las advertencias sobre los altos costos y las deficiencias técnicas, la batalla se trasladará, una vez más, al terreno judicial, congelando una política que —según ellos— nace muerta por su propia ineficiencia operativa.

