La Semana Santa en Jerusalén enfrentará un escenario inusual este año. Las celebraciones tradicionales quedaron suspendidas o modificadas debido al clima de tensión en la región, lo que ha obligado a las Iglesias a replantear sus actividades más emblemáticas. La procesión del Domingo de Ramos desde el Monte de los Olivos no se realizará y será sustituida por un momento de oración cuyo sitio aún se definirá. La Misa Crismal del Jueves Santo también quedó pospuesta hasta que existan condiciones mínimas de seguridad.
El Patriarca Latino de Jerusalén, cardenal Pierbattista Pizzaballa, explicó que la inestabilidad reciente no permite prever una mejora cercana. Señaló que las Iglesias mantienen comunicación constante con las autoridades para buscar alternativas que permitan vivir los ritos pascuales, aunque por ahora no será posible reunir a grandes grupos como de costumbre. Pese a ello, los templos permanecerán abiertos y los párrocos intentarán facilitar espacios de oración para la comunidad local.
Las limitaciones se suman a la cancelación de la peregrinación cuaresmal, que este año no pudo realizarse por las restricciones del conflicto. Para el patriarca, se trata de otra herida en una temporada marcada por la guerra, aunque hizo un llamado a mantener la oración como punto de unión ante la imposibilidad de celebrar juntos en los Santos Lugares.
A esta situación se añadió un hecho que generó reacciones internacionales: autoridades israelíes impidieron el ingreso del cardenal Pizzaballa y del custodio de Tierra Santa, Francesco Ielpo, a la iglesia del Santo Sepulcro para la misa del Domingo de Ramos. El Gobierno italiano calificó el incidente como una ofensa a la libertad religiosa y convocó al embajador de Israel para solicitar explicaciones. El Patriarcado Latino denunció que no existían precedentes recientes de una medida similar y lamentó que, en uno de los días más significativos del calendario cristiano, se impidiera la oración en uno de los sitios más sagrados.
Las Iglesias de Jerusalén recordaron que han aceptado todas las restricciones desde el inicio de los conflictos regionales, pero consideraron que impedir el acceso a sus principales autoridades fue una medida injustificada y contraria al respeto histórico del statu quo. Con pesar, señalaron que millones de fieles en todo el mundo seguirán las celebraciones sin la imagen habitual de los ritos en la Ciudad Santa.
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