Después de casi dos semanas de agonía bajo tierra, este martes llegó una noticia que parecía imposible: Francisco Nájera, uno de los tres mineros atrapados en la mina Santa Fe, en El Rosario, Sinaloa, fue encontrado con vida. Su rescate ocurrió poco antes de las dos de la tarde, tras 312 horas de trabajo continuo por parte de brigadistas, buzos y personal especializado que no dejaron de avanzar ni un solo minuto desde que ocurrió el derrumbe.
El Comando Unificado, responsable de coordinar las operaciones, confirmó que Nájera, de 42 años y originario de Papasquiaro, Durango, fue localizado a 300 metros de profundidad, deshidratado y con evidente desgaste físico, pero consciente. De inmediato se activó un operativo especial para sacarlo, tarea que no será sencilla: los rescatistas deben recorrer más de tres kilómetros de túneles inundados y zonas inestables para llevarlo a la superficie.
Afuera, entre maquinaria, mangueras y turnos interminables, el ánimo cambió al confirmarse que el minero seguía con vida. Sin embargo, la tensión continúa: los otros dos trabajadores siguen desaparecidos y las labores dentro del yacimiento no se han detenido ni por un instante.
Uno de los avances que permitió el hallazgo fue la extracción constante de agua: casi 35 mil litros por hora fueron desalojados para estabilizar la mina y abrir paso a los equipos de rescate. Esa disminución en el nivel de inundación fue clave para acercarse al punto donde se creía que podían estar los mineros.
Horas antes del hallazgo, Álvaro Vargas Miranda, gerente administrativo de Industrial Minera de Sinaloa, había explicado que el equipo estaba a nada de abrir camino: “Estamos muy cerca de acceder; hoy tenemos que entrar”. Su declaración quedó corta: no solo lograron ingresar, sino que la esperanza tomó forma de un sobreviviente en medio de la oscuridad.

