Puebla, Pue.– Cada 12 de marzo, mientras el Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED) vigila con instrumentos de alta precisión cada exhalación de gas y ceniza, cientos de pobladores de las comunidades aledañas al volcán Popocatépetl ascienden por sus laderas cargados de flores, comida y música. No buscan huir de una erupción; suben a festejar a “Don Goyo” en su onomástico.
Esta tradición, que se celebra el día de San Gregorio Magno, es mucho más que un rito religioso; es un contrato social y espiritual entre los habitantes de Santiago Xalitzintla y el volcán, uno de los más activos del mundo.
La leyenda de Antonio Analco: El origen del nombre
La historia detrás del apodo “Don Goyo” se remonta a la figura del “Temperero“. Según la tradición local, hace décadas, un hombre llamado Antonio Analco aseguró haber tenido un encuentro con un anciano de cabello blanco y mirada profunda mientras caminaba por el monte. El anciano se presentó como Gregorio Chino Popocatépetl, la personificación del volcán.
Desde entonces, el pueblo adoptó este nombre para dirigirse al coloso con respeto y confianza. Los “Tempereros” son, desde entonces, los mediadores: hombres y mujeres que aseguran tener la capacidad de “hablar” con el volcán para pedirle buenas cosechas o que calme su furia.
El ritual: Mole, música y trajes nuevos
El festejo de este 12 de marzo no escatimó en detalles. A pesar de las restricciones de seguridad que suelen imponerse por el semáforo de alerta volcánica, los pobladores cumplen con el ritual en el sitio conocido como “El Ombligo”:
- La Ofrenda: Se le lleva mole, tortillas, frutas y aguardiente.
- La Vestimenta: Es tradición “vestir” al volcán. Se le llevan prendas de ropa, sombreros y huaraches nuevos, simbolizando el respeto que se le tiene como “el abuelo” de la comunidad.
- Las Mañanitas: Grupos de música de viento entonan melodías para despertar al gigante, en una atmósfera donde el humo de los copales se mezcla con las fumarolas naturales.
La dualidad del Popocatépetl: Fe vs. Ciencia
Mientras los pobladores ofrecen comida para “tranquilizar” al volcán, la ciencia mantiene una vigilancia 24/7. Esta dualidad define la vida en los estados de Puebla, Morelos y el Estado de México.
A pesar de que las autoridades recomiendan no acercarse a menos de 12 kilómetros del cráter, la fe de los habitantes de Xalitzintla parece ser más fuerte que cualquier alerta volcánica. Para ellos, no celebrar el cumpleaños de Don Goyo es una falta de respeto que podría traer consecuencias para sus tierras.
Hoy, entre el crujir de la tierra y el brillo de la lava en las noches despejadas, el Popocatépetl sigue siendo el eje central de la cosmogonía poblana. El cumpleaños de “Don Goyo” nos recuerda que, ante la majestuosidad de la naturaleza, el ser humano siempre buscará una forma de dialogar con lo indomable.

