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Carney habla de ruptura global y Trump pone a Groenlandia en el centro del tablero internacional

El Foro Económico Mundial de Davos volvió a convertirse en escenario de mensajes que reflejan el momento de tensión global. Por un lado, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, lanzó una advertencia clara: el sistema internacional atraviesa una fractura profunda. A su juicio, no se trata de un simple ajuste de época, sino del colapso de un esquema que ya no volverá. Desde Suiza, llamó a los países medianos y pequeños a coordinarse frente a las potencias que, según dijo, han debilitado el marco de reglas que sostenía el orden global. Para reforzar su idea, recurrió al concepto del “poder de quienes no tienen poder”, inspirado en Václav Havel, como una vía para reconstruir equilibrios.

En ese mismo foro, Donald Trump volvió a colocar a Groenlandia en el centro del debate internacional. El presidente de Estados Unidos insistió en que su gobierno busca iniciar conversaciones inmediatas para que la isla pase a control estadounidense, aunque reiteró que no contempla una acción militar. Aun así, subrayó que las fuerzas armadas de su país están preparadas para cualquier escenario.

Trump justificó su postura señalando supuestas amenazas de China y Rusia en el Ártico. Afirmó que ni Groenlandia ni Dinamarca cuentan con los medios necesarios para garantizar la seguridad del territorio y sostuvo que, por su peso global, Estados Unidos sería el único actor capaz de hacerlo. Desde su perspectiva, Washington tiene una responsabilidad directa en ese frente.

El mandatario también criticó la negativa de Dinamarca a aceptar sus planteamientos y recordó el papel de Estados Unidos en la defensa de la isla durante la Segunda Guerra Mundial. En su discurso, presentó la cesión de Groenlandia como una demanda menor frente a lo que, aseguró, su país ha aportado durante décadas a la OTAN, alianza a la que reprochó falta de compromiso financiero y estratégico.

Más allá del plano militar, Trump fue explícito sobre el interés económico. Reconoció que bajo el hielo groenlandés existen importantes reservas de tierras raras y minerales estratégicos, claves para la industria tecnológica y energética. Según dijo, ese potencial convierte a la isla en un punto central para los intereses estadounidenses y, bajo su control, podría desarrollarse de forma más efectiva.

Pese al tono firme, cerró su intervención descartando el uso de la fuerza para lograr su objetivo y reafirmó que su apuesta pasa por la negociación. Davos, una vez más, dejó en evidencia un escenario internacional marcado por disputas abiertas, discursos directos y un orden global en discusión.

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